Lenin, despierta
Emilio PalacioLos candorosos voceros del Gobierno nos preguntan cómo así recién aparecen el video del Mono Jojoy y el diario de Raúl Reyes. Pues yo se los voy a contar. Ocurre que Álvaro Uribe consiguió en Angostura y mediante su sistema de espionaje un arsenal de bombas políticas que las irá soltando de a poquillo para volver loco a Rafael Correa y para desacreditarlo ante sus electores. (La popularidad del Presidente ya cayó al 40% según las últimas encuestas).
El más reciente misil uribista, el diario de Reyes, es tan demoledor que hasta el poeta Javier Ponce tuvo que reconocer que “a lo mejor” es verdad lo que allí se afirma, y que en ese caso Gustavo Larrea y José Ignacio Chauvin “tendrán que defenderse”. El poeta ya no pudo seguir con el verso de que todo son patrañas de la prensa, inventos de los periodistas o montajes de la CIA.
Pero esta es solo la mitad de la explicación. La otra es que Uribe lanza sus bombas a través de un intermediario peligrosísimo, el ala rosa del Gobierno, la que encabezan Vinicio Alvarado, Rolando Panchana, Alexis Mera y el propio Javier Ponce, que han usado el poder destructor de Uribe para convencer a Correa de que para salvar la poca credibilidad que le resta no queda más que sacrificar al ala roja, la que comandan el propio Larrea y Alberto Acosta desde el exilio.
Es una guerra a muerte, que no concluirá sino cuando uno de los dos bandos se quede con todo el poder.
Por ahora, el bando rosa va ganando, pero no se sorprendan si se produce un giro de 180 grados. Porque supongamos que el plan de los rosados triunfa y salvan el prestigio del Presidente con el argumento de que él no sabía nada de la infiltración del narcotráfico en el Gobierno y que los únicos culpables son Larrea y Chauvin. Para comenzar, será muy difícil convencer a alguien de esa versión, porque no olvidemos que Correa le pidió perdón en público a Chauvin y nos acusó a los periodistas de haber falsificado videos, e-mails y mil pruebas más que incriminaban a los rojos.
Pero aun si admitimos la hipótesis de que Correa “no sabía” nada, entonces con qué nos quedamos: con un Presidente que “no sabía” que su hermano mayor se estaba haciendo multimillonario a costa del Estado, que “no sabía” que los narcotraficantes financiaron su campaña electoral, que “no sabía” que Larrea se estaba reuniendo con Reyes en territorio ecuatoriano, que “no sabía” que iba a desayunar con Dalito Bucaram para amarrar un pacto, que “no sabía”, etcétera, etcétera.
Eso en política se llama “vacío de poder”, cuando el Presidente de una nación pierde el control de su propio entorno, cuando son otros los que toman las decisiones porque él, simplemente, ni siquiera se entera de lo que ocurre.
Los rojos confían en esa carta final. Saben que si el Titanic de Correa se hunde porque se demuestra su ineptitud, el poder constitucionalmente le tocará a Lenin Moreno, que responde incondicionalmente a Larrea.
Por eso, si ustedes se fijan, nuestro Lenin propio se ha ido preparando para encontrar las menores resistencias posibles. Él no es Vladimir Lenin, el temible revolucionario ruso. No señor, él es el hombre de las sonrisas, del buen humor, de los gestos caritativos; es el Patch Adams de la política ecuatoriana, el payasito amigable de la Revolución Ciudadana.

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2 comentarios:
ah, si, lo lei. en eso palacio tiene es TODA la razon, lo que el dice va a suceder.
ricardo weblog
Emilio: Debo reconocer que eres hábil con el lenguaje pero terco e inútil con la tolerancia y equilibrio que se requiere para ser un verdadero guía como debe ser un periodista. A tu edad debes mostrar dones que construyan
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