07 mayo, 2009

Viene más pateador

de Emilio Palacio

Cuando se acaben de contar los votos, Rafael Correa probablemente habrá alcanzado (si los anuncios oficiales se mantienen y si se descartan las denuncias de fraude) algo así como 4 millones de votos, la mitad de las papeletas válidas.

La conclusión es obvia, y todos los analistas lo han dicho: una mayoría bastante apretada volvió a apoyar la Revolución Ciudadana.

Pero resulta que en el referéndum anterior los que apoyaron el socialismo de Correa (es decir los que votaron SÍ por la nueva Constitución) fueron 5 millones.

Cinco menos cuatro da un millón de personas que le dieron la espalda al proyecto de Correa (insisto, si se mantiene el anuncio de que el Jefe fue reelecto con el 51% de los votos válidos).

¿Qué pasó con ese milloncejo de votos? Pues se pasó a la oposición. A los que en el referéndum del año pasado votaron contra la nueva Constitución, esta vez se sumaron los que se decepcionaron de la Revolución Ciudadana y 600 mil votantes nuevos. ¿Cómo así?, porque esta vez el padrón electoral aumentó cuando la Revolución Ciudadana le otorgó generosamente el derecho a votar a los adolescentes, presos, militares y policías.





Se suponía que esas personas incrementarían sustancialmente la votación final del Jefe, pero como se ve, la maniobra no resultó del todo. La Revolución Ciudadana volvió a ganar, repito, pero con menos votos que hace un año.

Palacio, amargado, no quieres reconocer el triunfo arrollador del gran Jefe.

Durante los primeros años de la Segunda Guerra Mundial, Hitler iba ganando “por paliza”, como le gusta decir al Jefe. No lo paraba nadie. Entonces sus tropas llegaron a Stalingrado, donde le mataron 100 mil soldados.

¿Acaso se acabó en ese momento la guerra? Para nada. Hitler siguió ocupando toda Europa. Pero más adelante se pudo ver que fue en Stalingrado donde comenzó la reversa.

La analogía, como toda analogía, no es exacta. Nuestro Hitler no perdió las elecciones. Las ganó. Pero en cambio no le mataron 100.000 soldados sino que un millón se pasó voluntariamente al bando enemigo, con fusiles y todo. Y están muy molestos porque ahora saben que les mintieron.

Todavía hay Correa para rato. El Presidente fue reelecto con demagogia, con toda la maquinaria del Estado a sus pies, sin oposición y con los empresarios y los medios de comunicación al borde del pánico. Pero ganó. No hay nada que discutir al respecto. Lo único que digo es que el chistecito le costó un montón de millones de dólares del erario nacional y un millón de admiradores que ya no creen en su palabra. ¿Imaginó usted alguna vez que los indios de Chimborazo y los pelucones coincidirían en votar por Lucio Gutiérrez solo para hacerle la contra a Correa?

Los indios y los pelucones nos muestran hacia dónde va Ecuador. La mayoría de Correa se volvió a reducir. Por eso su poder se afianzará cada vez más en el miedo. Es su estilo. Cuando hay problemas, contraataca. Ya anunció su próximo garrotazo: una ley mordaza para acallar a los medios.

Y eso es lo que digo, cúbranse todos, que viene Correa más pateador que nunca.

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