Willington Paredes
Editorialista
Quienes siguen las acciones gubernamentales constatan que hechos como el desarme de guardias privados en ciudades y de ganaderos en el campo, junto al contenido y objetivo de la Ley de Comunicación y de Educación Superior, tienen en común: disminuir la capacidad de acción y de reacción de la sociedad, encerrando la libertad individual, académica y social, para hacerla depender de lo que dirá y hará el “Ogro Filantrópico” (Estado). La restricción se atenuó para ingerir bebidas alcohólicas los domingos, reprimiendo los binomios cebiche-biela, misa-vino, comida-cerveza, etc. Pero sigue la censura. Pretender el control de la vida cotidiana es propio de proyectos autoritarios, como lo hicieron Stalin, Hitler y Pinochet. Con estas medidas, AP intenta controlar los diversos modos de vida y los rituales sociales de adultos y jóvenes. Así se crea una sociedad de represión, censura y control, en lo urbano y rural. Por este camino, el Estado-controlador expropia la libertad e impone el Estadocontrol. Nos dirá: dónde estar, qué tomar y no tomar, hasta qué hora estar, dónde ir y no ir, qué hacer y que no hacer. Así, con ritos estatales, AP nos lleva a la ciudadanía del Estadocontrol, creando una psicología social de la seguridad del Estado, pero de clara expropiación de la libertad del ciudadano, donde por censura y castigo, el cuerpo, espíritu y vida social ya no serán de nosotros.






